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miércoles, 26 de diciembre de 2018

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  / LUNES 17 DE DICIEMBRE DE 2018

La revancha de López Obrador contra los Moreno Valle-Alonso

Transcurrida una semana después de la ratificación de Martha Erika Alonso Hidalgo como gobernadora de Puebla, comienzan a salir datos que demuestran que el fallo de los magistrados federales no derivó de un acuerdo político celebrado entre el presidente, Andrés Manuel López Obrador, y el exgobernador Rafael Moreno Valle, sino de una verdadera lucha por el poder que ganaron el senador panista y la nueva mandataria del estado.
Pese a los intentos del exgobernador por acercarse al tabasqueño y conseguir así una negociación que le garantizara al PAN la victoria en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en los meses previos a la sesión del 8 de diciembre las reiteradas negativas de López Obrador para concretar un diálogo obligaron a la pareja poblana a combatir la impugnación con sus propios recursos.

Moreno Valle y Alonso Hidalgo vencieron a Morena, a Luis Miguel Barbosa Huerta y a Yeidckol Polevnsky sin pacto de por medio con el nuevo huésped de Palacio Nacional, condición que representa una evidente fortaleza para el senador ante el grupo de legisladores y mandatarios estatales que lo respalda a nivel nacional.
Alonso Hidalgo retuvo la gubernatura de Puebla y no le debe nada a López Obrador.
Eso parece positivo también para ella, pues le otorga un amplio margen de autonomía para tomar sus propias decisiones, sin pasar por el tamiz presidencial.
La fortaleza política de Moreno Valle y Alonso Hidalgo frente al Gobierno Federal, sin embargo, será al mismo tiempo su mayor debilidad.
López Obrador está enojado con los Moreno Valle-Alonso.
A la condena pública que hizo del fallo, llamándolo antidemocrático, siguieron otros acontecimientos que confirman su ira.
El lunes declaró que por ahora no vendrá a Puebla, que no será prudente hacerlo ni aparecer junto a la gobernadora en las circunstancias actuales.
“Vamos a esperar a ver qué pasa”, soltó.
El viernes no mandó representante al acto simbólico de toma de la protesta de Martha Erika en el Auditorio de la Reforma.
Esteban Moctezuma Barragán había confirmado su asistencia, pero no llegó.
El secretario de Educación Pública de López Obrador, que formalmente tiene oficinas en Puebla y que deberá trasladar la dependencia al estado en un plazo aún no definido, canceló dos horas antes.
Rodrigo Abdala Dartigues, coordinador en el estado del Gobierno Federal, tampoco arribó al recinto de Los Fuertes.
Solo Claudia Rivera Vivanco, presidenta municipal de Puebla, apareció en el inmueble, en primera fila, pero representándose a ella misma, no a Morena ni al mandatario mexicano.
Un día después, el documento de Proyecto de Egresos de la Federación para el 2019 dio un nuevo ramalazo a los poblanos, con un recorte global de 12.8 por ciento en comparación con los números del año que está por concluir.
Como remate, el domingo reaparecieron los morenistas en una protesta contra la resolución del Poder Judicial, en un mitin realizado en la plaza de la Democracia, en el centro.
Llenaron apenas media calle de la Juan de Palafox y Mendoza e hicieron esperar cuatro horas a sus seguidores por los retrasos de Barbosa y Polevnsky, pero se dieron gusto con una cascada de descalificaciones dirigidas al exgobernador-senador, a la gobernadora y a todas las autoridades electorales.
Además del fallo consumado en el Tribunal contra la demanda de nulidad promovida por Morena, López Obrador debe traer clavado en el orgullo el freno a su Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos.
Ahí figura otra vez Moreno Valle, uno de los principales promotores de la acción de inconstitucionalidad interpuesta por los senadores de oposición.
Parece que el presidente está molesto y que quiere emprender un ajuste de cuentas con los dueños del grupo en el poder en Puebla.
Hasta dónde llegará es un misterio.
Lo mismo que la reacción de sus oponentes poblanos.
Así termina el año 2018 y arranca una nueva era política para el estado.
En efecto, asoma un mal pronóstico para la gestión de Alonso, pero, y eso es lo más grave, también para los ciudadanos, que sufrirían los daños colaterales de una eventual disputa entre esos dos niveles de gobierno.
Si hay desavenencias, que las hay, deberían resolverse en las elecciones intermedias de 2021. Y, más adelante, por supuesto, en la siguiente contienda de gobernador.
Por vía de mientras, aunque fuese con una relación fría y distante, deberían ponerse todos a trabajar.

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Esta columna dejará de publicarse en lo que resta del año para regresar recargada en la segunda semana de enero. ¡Que tenga usted muy felices fiestas!

@jorgerdzc

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